Ya no puedo escribir.




Me senté en mi escritorio con una taza de café, defendiéndome contra el frío solo con mis calcetas que compré cuando fuimos juntos a Chiloé ese invierno hace ya unos años, ¿que nos pasó? Ya nunca viajamos como antes, tú llegas del trabajo y te sientas a comer algo recalentado, yo estoy leyendo, casi siempre, y tú haces como que no estoy allí. Ya no planeábamos escaparnos al sur con tus discos sonando de fondo, no sé si aun te acuerdas de tus discos.

Prendí mi computador, tenía que comprar otro porque este ya estaba algo viejo. Me dirías que no, que es mucho gasto y mi trabajo no es estable, que él es el que se mata todos los días en una oficina mientras yo me dedico a escribir y tocar guitarra y que no podía exigir si yo no aportaba, me haces sentir culpable porque tu dejaste tus sueños para ponerte corbata y pagar las cuentas, no te culpo, solo querías que tuviéramos para comer, no seríamos jóvenes por siempre y no podíamos vivir de sueños, pero envejeciste muy rápido y yo me quedé joven, sin entender a donde se llevaron a mi artista.

Abrí Word y tardó una eternidad, para ese entonces había terminado mi café y fui a hacerme otro, no pude dormir en toda la noche porque tu roncabas, no vas al doctor para revisarte eso, no me haces caso nunca, ‘’estoy bien’’ dices, pero no lo estás, no lo estamos. ‘’Estoy bien’’ dices, y sigues trabajando.

La cocina estaba sucia, mientras se calentaba el agua en el hervidor lavé los platos, ‘’al fin haces algo’’ me dirías, no sabías cuan inútil me hacías sentir cada vez que decías algo así, que mi trabajo es esporádico y que pagan poco, ¿y qué? Soy feliz, tu no lo eres, ya no te basta estar a mi lado para ser feliz como antes, ‘’si estamos juntos no importa donde estemos, no importa en que trabajemos, no importa nada’’ decías cuando te pedí que dejaras la oficina porque te estaba consumiendo, ahora ya no existía ese hombre, solo el hombre estresado que llegaba del trabajo a la casa a trabajar, a comer solo y a dejar en espera un libro que espera hace años por ser leído, libro que antes habrías devorado a mi lado un día lluvioso, ahora ya no existía mi hombre.

Me preparé el café, dejé mis pantuflas en el pasillo, quería sentir el frío en mis pies, seguro me dirías que dejo todo tirado.

Me senté al escritorio, cerré Word y admiré la foto que adornaba el fondo de mi viejo computador. Tu y yo, ese invierno en Punta Arenas, todo estaba blanco menos nosotros que estábamos cubiertos en los colores de nuestra ropa o quizás en los colores amor, ya no se que sentía en ese tiempo. Solíamos viajar bastante hace unos años atrás, cuando tu decías que íbamos a vivir de tocar en las calles, lo hacíamos y funcionaba bien, solo un par de veces no pudimos comer por falta de dinero, aun recuerdo tu cara de rabia, de impotencia, por no tenerme un plato de comida o un lugar decente donde dormir cuando hacía frío, pero a mí me encantaba. No recuerdo cuando eso te empezó a molestar y dijiste basta, entraste a trabajar de arquitecto, lo que estudiaste y juraste nunca ser. Yo seguí igual, creo que me sentí dejada sola en un abismo de inmadurez. Perdimos los veranos acampando en la playa, los inviernos frente a fogatas abrazados para no morir de frío, las veces en las te dedicabas a leerme o a escucharme. Ya no me leías, ya no me escuchabas, ya no me abrazabas.

Miré mi teléfono, tenía un mensaje tuyo, ‘’no voy a comer, mucho trabajo. ’’ Se leía en el. Nunca venías a comer, yo no sé cocinar tampoco así que no comía, ¿para qué pedir comida en el restorán chino de la esquina si tu no vas a comer conmigo?

Antes le agregabas un ‘’te amo’’ a ese mensaje que me hacía sentir sola por no poder verte a la hora de comer, ahora me sentía más sola aún, no esperaba el ‘’te amo’’al final quizás porque ni siquiera esperaba que me amaras como antes.

Abrí Word, lo miré y apagué el computador, como cada día ya no lograba escribir, me deprimía demasiado mi amor como para escribir sobre él.
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