¿y como le irá...?




Alicia miró el reflector al terminar su última línea, no había olvidado nada, nadie lo había hecho, todo había salido perfecto. Olvidó la frase que su profesor decía ‘’No mires al público, te pondrás nerviosa’’, ya daba igual, la obra había terminado. Se pusieron adelante para terminar con una reverencia al público, 50 personas, en su mayoría jóvenes de lentes gruesos y ropas extrañas que estuvieron más pendientes de sus iPhones y de sus cafés comprados en la cafetería de moda a unas cuadras de ahí, entonces el corazón de Alicia se llenó de pena, pero lo disimuló con una sonrisa de despedida.

Se fue al camarín, ahí todas era felicitadas por familiares, recibían flores y abrazos de sus parejas o hijos, los hombres eran saludados y felicitados, pero ella no, no sería saludad ni felicitada, nadie le regalaría flores o correría a abrazarla, estaba sola. Recordó a su papá diciendo ‘’¿estudiar teatro? ¿Para que?¿ Para que termines actuando en un sucucho por 60 lucas? ¡No!’’, no quería decir que tenía razón, que quizás ahora no se iría caminando a una pieza que arrendaba si hubiera estudiado medicina como todos le sugerían, quería al menos decir que todo iba bien, pero no podía, le daba pena y rabia que la gente no apreciara su trabajo o el trabajo de sus compañeros, que nadie se sentara realmente a ver y escuchar como ellos encarnaban el trabajo de un gran escritor, pero que iba a hacer si la gente solo quería parecer culta y no lo era, gente que hablaba en medio de la obra o dejaba sonar sus celulares. Al final de todo, en medio de su rabia recordó que ella actuaba porque eso era lo que le gustaba hacer, no se veía trabajando de doctora, ni ahí la gente aprecia lo que hacen, ‘’gracias a Dios se curó’’, ‘’no, gracias al médico’’ dijo en voz alta y rió, en verdad era feliz.

Alicia se puso su abrigo y salió del teatro, el frío le entró rápido al cuerpo y le llegó a los huesos en una fracción de segundo, pensó en su padre, extrañaba sus abrazos y como le hacía chocolate caliente cuando tenía frío, sonrío en busca de un poco de esa felicidad, nunca le dijo gracias por ayudarla con la carrera aunque él no quería que ella estudiara eso.

Entró a su pieza y se desvistió, quejándose del frío, aunque se quejaba de cosas todo el tiempo, era feliz, quizás porque hacía lo que le gustaba o porque era libre. Como cada noche al dormir pensó en su familia, en su padre en especial, ‘’¿cómo le irá a el?’’ pensó.


Daniel cerró la cortina del living, llegó cansado ese día a su casa, su mujer ya dormía, al menos no tenían que hacer dormir niños ni pensar en llevarlos al colegio mañana, esa etapa ya había pasado. Caminó hacia su pieza como de costumbre pero esta vez paró en la que había sido la pieza de Alicia, su hija menor, la única que quiso estudiar algo relacionado con el arte, ‘’se equivocó, la cosa está mala para lo artistas’’. En la pieza de su hija se lucía una vieja guitarra acústica que había sido su gran acompañante en los años de juventud, se sentó en la cama de su hija y la miró pensativo, ‘’¿podré aun tocar? No creo, estoy viejo y mis manos ya no son lo que eran, están gastadas por el trabajo’’.

Daniel tomó la guitarra y empezó a tocar las viejas canciones de Silvio Rodriguez que solía dedicarle a su mujer, una lágrima se asomó por su mejilla recordando esos años en los que el quería ser músico pero no pudo porque su primer hijo venía en camino y no quería arriesgarse con poca estabilidad para su familia, dejó la guitarra a un lado y pensó en su hija, la misma a la que el le negó de todas las maneras posibles que estudiara teatro pero ella, firme a sus sueños lo hiso igual, nunca le dijo que en parte estaba orgulloso por verla luchar por sus sueños, sabía que ella era más feliz que el ahora, metido en una oficina en vez de estar cantando en un escenario, se fue a su cama, miró a su mujer tranquila y se dio cuenta que algunos sacrificios valen la pena, ‘’¿cómo le irá a ella?’’ pensó.


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