La Velocidad De La Luz


Esta historia está inspirada en la Canción ''La velocidad de la luz'' del nuevo disco de Los Bunkers.



Javier se sentó con su café en el sillón en el que se podía ver por la ventana a la ciudad agitada llena de autos y luces, estaba estresado y le dolía la cabeza, estaba harto de trabajar hasta tarde. Miró su reloj en busca de al menos un consuelo de que ella llegaría pronto a estar con él.
 10:33, vio abrirse la puerta, más bien la vio a ella, su cara denotaba el cansancio típico de cada día. Se sacó su abrigo y lo dejó caer sobre una silla, se sacó las botas y le besó la mejilla, el marcó una leve sonrisa en su cara, la que a ella enamoraba. Se sentó junto a él y comenzó a contarle a su día, poco le importaba a él su trabajo, más le importaba ella y el dulce sonido de su voz.
’No hace falta nadie más que tu’’ pensó el mirando sus labios que le relataban el día de trabajo, olvidó la molestia del metro lleno, los empujones al bajar de la micro, las malas caras y la calló con un beso, estarían juntos por lo que quedaba de existencia, él quería ser feliz, feliz junto a Javiera.

Mauricio observaba desde una esquina de la pieza como Fernanda gritaba, el sabía que para ella era difícil vivir con tan poco, era estudiante y con lo que el ganaba estaban a duras penas.
-te calmaste?
-como quieres que me calme? Mira como estamos viviendo! no quiero ni pensar en si tenemos un hijos, tengo rabia, tengo impotencia Mauricio, tu no entiendes nada.
-descárgate, vamos juntos, tiraremos piedras a las casas donde nunca vamos a vivir
Fernanda lo miró con una sonrisa en la cara, el hacía lo que podía, no necesitaban más que estar juntos.
2:32 en el reloj, el día estaba frío, Fernanda abrazaba a Mauricio por la espalda mientras el fumaba en la fila del carrito de sopaipillas frente a su universidad.
Javiera esperaba a Francisco a la salida de su oficina para ir a comer juntos a un restaurant cerca de allí.
Caminaron un poco para entrar en calor, ella lo tomó de las manos y le dio un pequeño y delicado beso. El le corrió el pelo de la cara, sonrió y la abrazó con fuerza, como si eso fuera lo único que necesitaba en la vida. El cielo estaba gris y el calor de ambos era lo único que los protegía del frío del invierno, del frío de sus vidas.
’No hace falta nadie más que tu, sabes?’’ dijo el, ella sonrió, donde el estuviera ella estaría porque no tenían nada más que al otro y no querían tenerlo.


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