La lluvia

Se desesperó un poco por meter la llave a la puerta porque la lluvia ya lo tenía empapado, se metió a la casa y ahí estaba ella, frente a la puerta con un tazón entre sus manos. La casa estaba calurosa, le golpeó un calor agradable en el cuerpo considerando que aún caían gotas de lluvia por su cara, que resbalaban desde su pelo. Se quito el abrigo mientras ella se sentaba en la escalera que quedaba justo en frente de la entrada, escalera que daba al dormitorio de los dos, escalera que había sido testigo de la pasión de ambos, de la peleas, de los llantos.
Se quitó el abrigo mojado mientras ella se sentaba en la escalera, la casa estaba tan calurosa que le permitía a ella andar solo con una polera y ropa interior, porque así le gustaba andar. ‘’Mi polera’’ pensó, la de los Smiths, la que le quedaba apretada a el y suelta a ella, la que ambos se peleaban.
En ningún momento dijeron nada, sonaba la lluvia torrencial afuera en el mundo, sonaba la chimenea donde estaba el fuego peleando a muerte con la madera.
-estás mojado- dijo ella
El rió, era evidente. Se quitó los zapatos y los dejó al lado del perchero antiguo donde colgó el abrigo que aun goteaba. Se quitó los pantalones, el chaleco y la polera.
-estoy mojado- dijo el.
-iré a buscarte ropa.
-no.
El caminó lento hacia ella y tomó el tazón que lo quemó de manera agradable, lo dejó en la mesa que estaba al lado del perchero, su abrigo y los zapatos. La mesa que siempre se ponía violenta cuando llegaban ebrios o salían apurados sin tomarse el tiempo para vivir.
El caminó lento, lento buscando perdón, caminó hacia ella y tomó el tazón, lo dejó en la mesa y la abrazó. El estaba mojado, ella sintió el frío del su cuerpo y se estremeció. Estaba mojado.
-perdón- le dijo el al oído-
-no lo hagas más
-siempre lo volvemos a hacer
-te amo
-te amo más
-es imposible amar más
-entonces te amo tanto como tu a mi
-es demasiado, te vas a volver loco
-seremos locos juntos
-te vas a arrepentir
-nunca
-está bien- dijo ella separándose de el unos centímetros- te amo-
Dijo y lo besó, sintió sus labios fríos y dulces, tomó su tazón y subió a buscarle ropa.


-Podríamos hacer algo hoy, no sé, salir
-estoy cansado
-yo igual, tuve hartos trabajos en la universidad
-me imagino que la carrera de música debe ser muy estresante, nada comparado con mi trabajo
-siempre tienes que ser tan imbécil?
-ten un poco de conciencia
-y tu date cuenta de que no eres el único que se cansa acá
-no empieces con eso, estudias música y con suerte limpias la casa
.y que!?
-que no puedes compararlo con un trabajo real, con lo que yo me canso
-cállate, me enfermas
-pues entonces no empieces la conversaciones.
-maldigo el día que me vine a vivir contigo
-si? Y yo maldigo el día en que me enamoré de una pendeja.
Ella se quedó inmóvil. Lo miró a los ojos y soltó una lágrima, solo una lágrima.
-oye, no quise decir eso.
-no, si quisiste.
Ella subió corriendo las escaleras y el la siguió, pero cerró la puerta con seguro mucho antes de que el pudiera entrar. Golpeó con fuerza y solo pudo escuchar la lluvia y su llanto.
-abre por favor, no quise decir eso.
-NO! ÁNDATE!
Apoyó su frente contra la puerta, cerró los ojos fuerte para poder matar la rabia.
-perdón
-NO!
El se dio la media vuelta y bajó las escaleras, lo suficientemente firme para que ella lo oyera, se puso el abrigo y salió. Ella abrió al oír la puerta de la entrada y vio que el se había ido, lloró.
Por muy cotidianos que fueran sus problemas siempre salían a flote estos pensamientos y el se sintió morir, no se arrepentía, por mucho que pelearan el era feliz con ella y no deseaba a nadie más en la vida.
 Sintió la lluvia mojarlo por completo en segundos, el frío iba a apagar un poco su rabia, su pena, estaba arrepentido de no valorarla. Se dio un par de vueltas a la cuadra, compró cigarros y volvió a la puerta de su casa. Se desesperó un poco por meter la llave a la puerta porque la lluvia ya lo tenía empapado, se metió a la casa y ahí estaba ella, frente a la puerta con un tazón entre sus manos.

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