Turno.



Inara estaba de turno esa noche, sabía que se venía pesada porque esa noche jugaban un par de equipos locales y generalmente había disturbios en ese tipo de eventos. Dicho y hecho, llegaron chicos por montones, algunos con cara de generadores de problemas y otros con cara de victimas, heridas leves, pero heridas al fin y al cabo.
A su box entró un chico de 20 y tantos años, alto, muy alto, con un corte en la ceja que no para de sangrar.

-nombre?
-Ignacio
-quítese el abrigo por favor
-claro.

Intentaba ser distante, así tenía que ser, era parte de su trabajo.

-puede decirme que pasó?
-estaba en el partido, fui con un amigo
-y?
-se pusieron a pelear y me cortaron la ceja
-lo noté- dijo sonriendo, el rió-
-me duele
-es porque tienes un corte- dijo y el sonrió otra vez-

Ella en general no era así de amable pero el le había caído bien, de hecho lo encontraba atractivo pero no podía involucrar el trabajo con sus sentimientos. Hace un rato que no salía con alguien, el sonreía bonito y a pesar del corte en la ceja se veía bastante bien, intentó retomar la seriedad del momento.

-voy a curarte y estarás listo, es bastante superficial la herida
-gracias

Vio una mirada genuina de agradecimiento, se veía tierno, quería abrazarlo y quizás darle un beso, invitarle un café, caminar de la mano por el parque. Se imaginó en una fracción de segundo todo lo que podría ser una vida junto a el.
Puso un poco de suero en un algodón y lo puso suave sobre el corte, para limpiar la herida, el se lanzó hacia atrás involuntariamente mientras soltaba un leve gemido.

-perdón, pero te va a doler
-si, perdón por moverme.

Ella se acercó otra vez, más tímida e intentó curarle lo más suave posible, con ganas de jamás hacerle daño. Dejó el algodón cubierto de manchitas de sangre y suero en un recipiente de metal, se dio vuelta para ponerle los puntos superficiales y se detuvo. Miró su herida, sus ojos, su boca, por un momento quiso estar enamorada de el. Con mucho cariño, casi acariciándole la cara, le puso los puntos.

-gracias
-gracias a ti

No supo porque dijo eso, el quizás entendió, se paró de la camilla y la abrazó. Ella no respondió el abrazo, se quedó inmóvil y sintió el calor del cuerpo de el pegarse al frío del propio, cerró los ojos para sentirlo un poco más. El la soltó y se despidió con un beso en la mejilla, ella estaba inmóvil, sorprendida, no sabía porque, pero sabía que había sido algo increíble en su monótona vida.

-ehh oye
-si?
-como te llamas?
-Inara
-Inara, puedo invitarte un café?
-estoy de turno
-hasta que hora?
-salgo a las 8 de la mañana
-a esa hora me voy a la U, puedo pasar a buscarte?
-si- dijo sonriente-

A la hora de salida lo vio, parado en la puerta de urgencias con un abrigo negro y los puntos en la ceja, bonito, esperándola a ella, como nunca.

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