Muy yo.


Me subo a la micro como puedo, micro llena y calor asqueroso de un pueblo chico lleno de flaites. Me quedo parada porque no había donde sentarse, quedo a una distancia incómoda de un tipo que olía a 18 de septiembre y un amigo que desconocía la invención de los audífonos. ‘’Siéntate acá’’ me dice, yo lo miro, me siento donde estaba sentado y el queda parado al lado mío, me sonríe. Alto, pelo corto y negro, ojitos de color cielo, belleza británica traída a un pueblo perdido en la quinta región de Chile. Mientras la música de mi teléfono me deja sorda me imagino con el, con el viniendo en moto a buscarme a la U, no, no tiene moto porque anda en micro. Quizás su moto está en el taller porque tiene cara de tener moto. Anda de corbata, quizás trabaja en una oficina, demás que si. O quizás es profe, un profe mino en moto que me lleve a tomar café. Miro mis zapatillas murientas y me río, me río de mi y de su moto.
Pienso en invitarlo a la casa a tomar algo, pero en mi casa hay pura bebida, en mi casa queda jugo en polvo y un atún que tendré que comerme a medias con el Lámpara. Pienso en que mi mamá me habría dicho que era buen mozo el chiquillo. Lo miro otra vez y el va mirando por la ventana, carita perdida,  ‘’pucha, que bello el’’ pienso, y me río, me río de mi y de su cara.
La micro para como si le hubieran tirado las mechas al conductor. El me empuja con la pierna. ‘’disculpa’’ me dice y sonríe, mira su teléfono y lo guarda en su bolsillo. ‘’Pucha, su mina’’ pienso yo y después no, es soltero, ‘’es soltero y le voy a dar mi Facebook’’ pienso. Trato de pensar en maneras para iniciar la conversación que nos llevará al matrimonio, algún día le diremos a los nietos: nietos, nosotros nos conocimos en una micro, yo le hablé y el me amó, criamos al Lámpara y después a su madre y fuimos felices. ‘’le pediré que me de la hora’’ pienso, y no, porque llevo el teléfono en la mano y sería muy idiota. ‘’me haré la bonita, onda, ¿Qué hace un mino como tu en una micro como esta?’’ pienso y después no, y me da risa. ‘’puedo robarle el teléfono y después pedirle perdón infinito e invitarle un café’’ pienso y descarto, porque se me hace sacarle el celular del bolsillo.
La micro para y yo siento terror, ‘’hermoso no te bajes plis’’ pienso. El amigo no se baja, si se baja el caballero con olor a 18 de septiembre y el amigo me mira con una mirada como de ‘’bacán que se bajó el curao’’ y yo sonrío porque el es muy bello. La señora con bolsas de supermercado que va al lado mío se va a bajar, yo me paro y quedo como pegada al amigo bonito, el es muy alto y yo muy enana y el me mira con felicidad, yo lo miro con felicidad y nos sentamos. Yo miro por la ventana porque entro en modo incómodo, me comienza a dar depresión porque queda poco para bajarme y aun no le hablo. Me tengo que bajar. ‘’me day permiso porfa’’ le digo en el tono más buena onda que tengo, porque esa frase siempre suena pesada. ‘’obvio’’ dice el con cara de feliz. El se para y yo paso, le paso el codo por la guata y siento emoción, el se ríe, ‘’chao, que estés bien’’ me dice, yo me bajo con tragedia eterna.
Camino a mi departamento callada porque voy sola, camino sin el amigo, pienso en que jamás lo voy a ver otra vez y me da un poco de pena de perderme esas andadas en moto con el, muy profe, muy mino. Meto las llaves por cuarta vez en el coso para las llaves (ya, yo le digo coso) y entro, Lámpara me mira y yo lo miro a el, pienso en porqué le puse Lámpara a mi gato, ‘’me enamoré de un tipo en la micro y no le hablé’’ le digo al Lámpara y el me mira, no me dice nada, nunca me dice nada y lo agradezco, porque si me respondiera me da un ataque y me muero.

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