Sueños


Salí ese día de la oficina con el cansancio de una semana acumulado en mi cabeza, jamás entendí lo de ‘’por fin es viernes’’ hasta que entré a trabajar. Los pies me estaban matando por esos malditos zapatos que mamá me regaló en navidad bajo la excusa de que no podía ir con zapatillas a la oficina, el camino al metro se me hizo eterno y el viaje en este a mi casa también. Abrí la puerta y vi a mi gato dormir en el sillón, tiré la chaqueta al suelo y me saqué los zapatos, pretendía cocinarme algo bueno pero el cansancio me ganó y me comí las sobras de la cena de el día anterior ¿o era de más días? No lo sé, no me importaba de cualquier manera. Me tiré al sillón en el espacio que mi gato me regaló y viendo un documental de marcianos en el History Channel me dormí.

-despierta
Abrí los ojos para encontrarme con ella y su pelo rojo se veía hermoso frente a la luz de la luna que entraba por el ventanal. Me encontré con ella y no supe quién era, que hacía allí en mi living jugando con mi gato sentada a mi lado, no sabía que hacía ella con mi polera de Breaking Bad, no sabía cómo había entrado ni porque estaba sonriéndome.
-quién eres?
El tono de confusión en mi voz la hizo reír más aun, se acostó en mis piernas y me alcanzó el control remoto.
-pon el vh1, hay videos de Bowie
Cambié el canal y ahí estaba comenzando Heroes, su cara cambió frente a la emoción de ver ese video en ese momento, como si no pudiera pasarle nada mejor. En un impulso extraño le acaricié el cabello y ella me miró con amor y yo la miré con amor también, como si nos amáramos de una vida entera.
-quien…?
-nadie- dijo y me besó-
Fue un beso corto pero dulce, ella acarició mi cara y se dio vuelta otra vez hacia la tele.

Desperté en el sillón, más bien me despertaron los gritos de algún reality que pasaban en el vh1. Mi gato dormía ahora encima de la mesa junto a mi plato de comida de la noche anterior que seguramente fue lamido por el. Me metí a la ducha y pensé en la colorina, de alguna manera pasé la mejor noche de mi vida con ella y el hecho de que fuera solo un sueño me mataba de frustración.
Me juré volver a soñar con ella y así me pasé en la cama todo el fin de semana, intentando dormir para verla otra vez, para poder saber más de ella o solo para sentirla real. De pronto entró en mi toda esa pena que me había estado acosando desde hace un rato, la pena que había evitado con el trabajo hasta tarde y con las muchas series que me había visto maratónicamente, con todos los libros que me leí. La pena de estar siempre en completa soledad, esa soledad que me había exigido echar de mi vida a mis amigos para que pudiera disfrutarla o quizás sufrirla un poco más, esa soledad que demandaba ser sentida, esa soledad que me había llevado a crear en sueños a esta mujer que decidí amar después de una noche de videos de música. Prendí mi computador y dejé que Janis Joplin me cantara un rato, así me dormí.

-iré a comprar, quieres algo?- dijo ella mientras se ponía los pantalones sentada en mi cama-
-ehh cerveza?
-ok, te traeré algo de comer también
Me besó la frente y salió por la puerta, la misma pelirroja de la otra noche, sabía que estaba soñando pero no me importó, solo lo disfruté. Comimos, tomamos y bailamos, la vida era hermosa en ese sueño, un sueño consiente que no dejaba de ser bello por eso. En un momento de la noche ella me miró y me acarició la cara, me miró con pena y me besó por ultima vez.
-tienes que despertar –me dijo con voz suave-
-no, puedo estar acá para siempre
-ojalá pudieras, es hora.
Y antes de que pudiera decir algo abrí los ojos.

Llegué temprano a la oficina, había despertado de mi sueño bastante temprano y me había alcanzado el tiempo para irme caminando y pasar a comprar café de camino, gracias a Dios fui con zapatos cómodos. Al llegar me senté en el escritorio y conecté mis audífono al computador para poder ignorarlos a todos escuchando a los Babasónicos el día entero, sobre todo lo que podría sentir el día de hoy había una capa de rabia y de frustración por culpa de ella, de la pelirroja que se apareció en mis sueños, las que solo Dios sabe donde he visto y a la que no olvidaré jamás.
Casi a las cuatro de la tarde me tocan el hombro, me saco los audífonos de la manera más evidente de odio frente al mundo y me di la vuelta.
Una mano pálida extendida hacia mi me ofrecía un sobre, miré lentamente hacia arriba y me topé con una polera de David Bowie y el cabello rojo que me había atormentado de la manera más linda todo el fin de semana.


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