Volver para decir adios.


Las cosas ya no andaban bien y el público lo notaba a leguas. Los planes de hacer el último show se venía planeando desde hace un buen tiempo, pensaban en realizarlo en un barco lleno de fanáticos en medio del Támesis, en las pirámides egipcias,  el coliseo romano o en un hospital lleno de niños enfermos. 


John Lennon ya estaba inmerso en las drogas y nadie podía sacarlo de ahí, George Harrison no se sentía valorado por el resto de sus compañeros, que no apreciaban su virtud como compositor. Paul McCartney era el único que mostraba interés por sacar el grupo hacia delante y ofrecer un buen álbum. Estaban grabando el
"Let It Be"


Harrison no aguantaba más, así que el 10 de enero, y tras una muy dura discusión con McCartney, George anuncia que dejará el grupo. Aunque un sarcástico Lennon propuso sustituirlo por Jimi Hendrix o Eric Clapton y seguir como si nada importara. 


Con el tiempo las heridas se sanaron y continuaron con las sesiones de grabación pero hubo dos cambios importantes: el primero fue el traslado de las sesiones de Twickenham a los estudios de grabación que The Beatles tenían en su empresa, Apple, en la calle de Savile Row de la ciudad de Londres. Y el segundo es que Harrison invitase al pianista Billy Preston, amigo del grupo desde sus días en Hamburgo, quien se integró a las grabaciones y puso la calma dentro del grupo mejorando el ambiente en la producción del disco.


McCartney ya aburrido de la discusión de
"donde se realizará el show de despedida", propuso terminar con esto en el mismo lugar en donde estaban grabando y al resto les pareció bien. Así que en medio de esas grabaciones subieron al techo del estudio para tocar “Get back”, “Don’t let me down”, “I’ve got a feeling” y “One after 909”.


A la hora del almuerzo del 30 de enero, The Beatles tocaron el que era el primer concierto desde la gira americana hecha 1966 y el que sería el último de su carrera.





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